Lo que el yoga me enseñó sobre la redacción médica
En el artículo anterior reflexionaba sobre la gestión emocional en la profesión de redactor médico autónomo. Os decía también que cada uno tiene su propia receta para vivir una vida más plena y dar lo mejor de sí en todos los ámbitos de la vida. En mi caso, el estrés continuo que vivía en el trabajo hace años me pedía a gritos un espacio de calma para reconectar conmigo y soltar. De camino a casa desde el trabajo, pasaba cada día por un centro de yoga y, un día, me animé a entrar y a probar.
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ToggleDel teclado a la esterilla de yoga
Recuerdo cada vez que entraba en la sala, ocupaba mi esterilla, en silencio, cerraba los ojos en un intento de aislarme de lo que dejaba fuera, conectaba con mi respiración y centraba mi atención en cada postura, conmigo, mirando hacia mi interior, buscando la comodidad en los límites, sosteniendo la incomodidad, cultivando la presencia, la paciencia y la constancia, olvidando el rendimiento. Salía de la esterilla y no era la misma… hasta que volvía al teclado.
No volvía a esa esterilla que tanto me daba hasta que volvía a sentir la urgencia de parar, o cuando encontraba un momento para la práctica en mi apretada vida. Iba un día y quizás al día siguiente y al otro. O quizás no.
Más allá de la esterilla de yoga
La vida a veces te sorprende con golpes que no te esperas y que te dejan KO. En mi caso, fueron varias pérdidas en un breve espacio de tiempo. Aproveché esos momentos de tristeza infinita, de profundo vacío, de falta de ilusión por nada ni de fuerzas para levantarme, para buscar refugio en ese espacio de paz que recordaba me daba el yoga. Volviendo, esta vez para quedarme, fue cuando descubrí lo que de verdad es el yoga: no ese yoga físico que practicaba cerca de casa cuando lo necesitaba, sino otro, el yoga como filosofía, como un proceso, un camino, una forma de vida y de estar, de relacionarte contigo y con el mundo. El yoga en la esterilla y más allá de ella, integrado en todos los ámbitos de la vida.

Consolidé todo el conocimiento y la práctica en un diploma de profesora de yoga de 500 h. Pero no me quedé ahí. Continúo formándome en aspectos y aplicaciones del yoga que nunca hubiese imaginado.
Un poco de historia para ubicarnos
Mucha gente tiene una idea de qué es el yoga, pero pocos conocen realmente los valores tradicionales de esta disciplina. El yoga se originó en la región del valle del Indo (actual noroeste de la India, Pakistán y noreste de Afganistán), cuna de la civilización del mismo nombre, hace varios miles de años como una disciplina espiritual que buscaba armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu. Durante muchos años fue una disciplina dispersa que se transmitía de forma oral. Afortunadamente, existen diversos textos fundacionales del yoga —obras clásicas escritas en sánscrito— que recogen la filosofía, la ética y la práctica de esta disciplina. Uno de ellos son los «Yoga sutras» de Patañjali1, un sabio del que se sabe bien poco (de hecho, su nacimiento se sitúa entre el siglo II a.C. y IV d.C.).
A través de 196 sutras o aforismos, esta obra muestra, entre otras enseñanzas, un camino de 8 pasos para alcanzar el estado de conciencia e iluminación (Samãdhi) —o de unión de cuerpo, mente y espíritu— que busca el yoga. Para ello, es necesario el cese de lo que Patañjali denomina las «fluctuaciones mentales» (yoga chittavrtinirodah), esos pensamientos, emociones, percepciones y deseos que nos tienen más en el pasado y el futuro que en el momento presente. Cuando este ruido mental deja de dominarnos, somos capaces de conectar con nuestra esencia, el verdadero yo.
La esterilla en su contexto
Lejos de ser una escalera, cada paso es una dimensión del yoga que nos prepara para alcanzar la unión con la esencia profunda del ser. Los 8 pasos comienzan con la búsqueda exterior, prosiguen con la búsqueda interior y avanzan con la búsqueda del alma.

La práctica física, o asana (posturas), con la que yo, como muchísima gente, conocí el yoga, constituye el tercer paso, el último de la búsqueda exterior. Curiosamente, en los «Yoga sutras» se mencionan muy pocas posturas físicas.
Ir directos a la esterilla cuando empezamos a hacer yoga implica no haber tenido en cuenta los dos primeros pasos, yama y niyama. Ambos son principios que proporcionan una base ética y moral para avanzar en el camino del yoga desde la propia integración en la vida diaria.
- Los yama o restricciones son códigos de conducta universales para vivir en sociedad y en armonía con el entorno. Son 5: «no violencia», «veracidad», «no robar», «moderación» y «desapego».
- Los niyama u observancias son disciplinas y actitudes hacia uno mismo para vivir una vida más plena. Son también 5: «pureza», «contentamiento», «disciplina», «introspección» y «entrega».
Las asanas no se practican igual ni adquieren el valor que realmente tienen —más allá del valor del momento, del cuidado de la forma física y de la pura estética de las posturas— si no integramos estos principios. Lo mismo se aplica al pranayama (técnicas para regular la energía, o prana, mediante la respiración) y a la meditación.
El yoga en tu camino personal y profesional
A través de los 8 pasos de Patañjali, el yoga te invita a revisar cómo te relacionas con los demás, con lo que te rodea y contigo mismo, a cuidar el cuerpo, a regular la energía a través de la respiración, a dirigir la atención hacia dentro, a mantener la concentración, a calmar la mente y a conectar con el momento presente. Y es que solo una mente en calma puede funcionar con claridad.
Se trata de un camino progresivo que va de lo externo a lo interno y que, con la práctica, transforma la manera en que percibes y respondes a lo que ocurre a tu alrededor. Aplicado a la vida profesional, este aprendizaje cambia no solo cómo se ejerce la profesión, sino también desde dónde se ejerce. Esto es lo que iré desgranando en los próximos artículos. Al menos, lo de aplicación más inmediata.
Referencias
- Patañjali. (2015). Yogasutra: Los aforismos del yoga. (Óscar Pujol, Trad.). Editorial Kairós.
Fuente imágenes: Elaboración propia

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